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17/11/15

08. Ruidenore, un aldea sobre la misma Raya

Riodehonor16

"Venid acá, peces, vosotros, los de la margen derecha, que estáis en el río Douro, y vosotros, los de la margen izquierda, que estáis en el río Duero, venid acá todos y decidme cuál es la lengua en que habláis cuando ahí abajo cruzáis las acuáticas aduanas, y si también ahí tenéis pasaportes y sellos para entrar y salir. Aquí estoy yo, mirándoos desde lo alto de este embalse, y vosotros a mí, peces que vivís en esas confundidas aguas, que tan pronto estáis en una orilla como en otra, en gran hermandad de peces que unos a otros sólo se comen por necesidades de hambre y no por enfados de patria"
José Saramago, iniciando su “Viaje a Portugal” en Miranda do Douro.
“Los primeros documentos históricos que recogen la existencia de Rio Onor en Portugal datan del siglo XIII. El pueblo lo formaban dos barrios: uno propiedad de Pedro García Escudero y otro de la Pradem de Uclés, de monjes residentes en León. En el siglo XVI, según la memoria que acompaña a la propuesta, ambos barrios dependían directamente de la Casa Real de Braganza. El barrio español perteneció mediante fuero a los Condes de Benavente hasta 1876. La división del pueblo fue posterior a la presencia de poblamiento. La frontera se creo tras la separación de Portugal del Reino de León en el siglo XII. La barrera se trazó sobre el curso natural del regato Rugazores [o Contensa o Rihonor]. ”
Red Española de Desarrollo Rural

5/5/15

03. Del Mississippi al Tera: Alan Lomax en Sanabria, 1952

03 Puebla desde el Parador

Durante el verano de 1940, Alan Lomax recorrió el delta del Mississippi en busca de un músico llamado Robert Johnson, a quien estaba muy interesado en grabar para el Archivo  de Canciones Folclóricas de la Biblioteca del Congreso. Alan Lomax ya tenía experiencia en grabaciones de campo, pues con poco más de diecisiete años su padre, el también folclorista John Lomax, se lo llevó como ayudante en los viajes por las prisiones de los estados sureños en los descubrieron, por ejemplo, a Huddie Ledbetter: Leadbelly.

Por su parte, Robert Johnson fue un tipo misterioso. Nieto de esclavos, viudo desde los dieciséis años y casado después en segundas nupcias, aficionado al blues y a la fiesta, contaban que durante un tiempo intentó ganarse la vida como músico, pero que no lograba hacerse hueco en una escena donde las estrellas locales se llamaban Charlie Patton  o Son House. Y dicen que, harto de aguantar burlas sobre su escasa pericia, una noche, en un cruce de caminos, invocó al diablo y entregó su alma a cambio de convertirse en el mejor bluesman de todos los tiempos. Si lo consiguió o no es cuestión de opiniones, pero lo cierto es que en dos sesiones de 1936 y 1937 dejó grabadas veintinueve canciones que marcaron de forma indeleble primero el blues y después el pop y el rock producido desde entonces.